Menos es más

En el artículo de hoy, nos centramos en un tipo de arquitectura y decoración muy contemporánea, de formas simples y colores monocromáticos: nos referimos a la Arquitectura Minimalista; y es que, como su propio nombre indica, esta forma de proyectar y diseñar tiene como objeto destacar lo “mínimo”.

La tendencia minimalista se caracteriza por buscar la mínima cantidad de elementos para transmitir lo máximo posible, reduciendo todo a lo esencial,  desechando cualquier decoración sobrante, para así resaltar su geometría y simpleza.

Los orígenes de esta corriente se remontan a los años 30 del pasado siglo en el manifiesto del arquitecto alemán Mies Van Der Rohe, titulado “Menos es más”, donde comenzó a proponer sus ideas sobre la pureza de las formas.

Sin duda, esta teoría se desarrolló con fuerza durante los años ochenta, pero fue en los noventa, cuando comenzó a expandirse, pues comenzó a tomar protagonismo la sencillez en las fachadas y el mínimo uso de muebles en la decoración.

Entre las líneas que definen al minimalismo, cabe destacar la extrema simplicidad de sus formas, las líneas puras, espacios amplios y despejados con techos altos, y el uso de colores neutros, siendo el blanco el protagonista en la mayoría de los casos.

Características del minimalismo:

Diseño:  formas simples, líneas puras y bajas, orden, escasa decoración, combinación conjunta, monocromía…

Colores: colores puros con predominación del blanco, acompañado por tostados o negro, y pudiendo dar un toque de color con algún elemento que queramos destacar, como un cuadro, alfombra, tapiz… y nunca abusando de ellos.

Materiales: uso de materiales con acabados naturales, como la madera o el hormigón visto. El vidrio en este caso, también es de uso muy común.

Mobiliario: muebles con diseño y líneas simples, muy funcionales; sin abusar en la cantidad a la hora de decorar.


 

Y tras este breve resumen… ya sabéis, MENOS ES MÁS!!!!

 

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